viernes, 29 de mayo de 2020

SI SIEMPRE ESTOY AFUERA DE MI, NO ESTOY

Todos conocemos la expresión: “fulano no está centrado”, refiriéndose a que actúa de forma incoherente, extraña… En medicina china existen los llamados “puntos centro”, que entre otras cosas se usan para centrar a la persona, pero ¿qué entendemos por centrar a la persona?

El centro siempre ha sido y es una referencia, el lugar desde donde uno tiene la posibilidad de dirigirse a cualquier otro lugar y desde donde se tiene la información de la totalidad. Podríamos decir también que es el lugar más seguro y desde donde se dirige lo que sea, desde una humilde casa a un gran imperio.Cuando uno está centrado, en su centro, dispone de todos los recursos para poder formarse una idea clara de lo que sucede, y por tanto puede decidir y actuar con seguridad.

Nuestros sentidos, usándolos con sentido, nos proporcionan información de nuestro entorno que luego procesamos y con ella llegamos a una conclusión, la integramos y aumenta nuestro caudal de conocimientos y posibilidades para seguir adelante. Pero siempre hemos de ser capaces de discriminar, de separar la paja y la cizaña del trigo, pues en caso contrario mal pan nos saldrá…

Y este es uno de los grandes recursos manipuladores que usa el poder para controlar a la gente: tenerlos siempre fuera de sí, pendientes de mil y una cosas con las que el ser, erróneamente, se identifica y hace suyas, implicándose, acostumbrándose y necesitándolas cada día como si en verdad fueran necesarias para él.

De ese modo, fuera de su centro, tiene mil necesidades inútiles impuestas sutilmente, a las que se ha acostumbrado y necesita, a la vez que se acaba perdiendo. Ya no sabe lo que es verdad y lo que no, depende siempre de información externa que se encargan de suministrarle puntualmente para saciarlo y dirigirlo donde interese… Su facultad de pensar, discriminar, discernir, se ha mermado tanto, cuando no atrofiado, que es incapaz de actuar por sí mismo, su criterio ya no es el suyo, sino el que le han implantado poco a poco, noticia a noticia, hecho a hecho.

Así, la persona ha perdido su centro, ya no sabe lo que siente, ni lo que quiere, ni lo que cree… Va en pos de espejismos que le venden prometiéndole una falsa felicidad, comodidad y seguridad…
¡Qué pena que un ser tan increíblemente maravilloso, con unas posibilidades que escapan a las mentes más imaginativas y capaces, se vea reducido a ser poco más que un borrego de un inmenso rebaño, tan bien programado que ni él mismo cree la verdad cuando la encuentra en su camino…!

Nos van a ofrecer todas las maravillas del mundo, como le pasó a Jesús cuando el diablo lo tentó en el desierto, y de cada cual dependerá responder sí o no.

Nos crean el problema y también la solución, y entre medias todos los tejemanejes que forman parte de la comedia. Conseguirán que mucha gente, poco acostumbrados a pensar por sí mismos, crea fácilmente que están haciendo algo, que lo están haciendo bien, que son buenos ciudadanos… Y el circo continúa con la función, luego vendrá el pan tosco y desabrido que no nutre sino hincha y, como todo lo demás que nos dan crea una falsa sensación de plenitud que al instante nos deja vacíos.

Es importante centrarse, recuperar cada cual nuestro centro, dejar de estar siempre fuera de nosotros pendientes de todas las pendejadas que nos ofrecen “amable y humanitariamente”, y habitar por fin nuestro cuerpo, recuperar poco a poco nuestra facultad de discernir y pensar, reflexionar un poco acerca de todo lo que vivimos, que casi no nos da tiempo, y de esa manera, habitando de nuevo nuestro templo, descubriremos todos los tesoros que había en él y no conocíamos, nos daremos cuenta que tenemos suficientes recursos para “saber” acerca de lo que sea y tomar la decisión que corresponda -no al poder sino a nosotros mismos- sin necesidad de tener que consultarlo todo en los libros o en Google…

Descubriremos el enorme potencial que tenemos como seres de universo que somos, y a eso es a lo que el poder teme, a que despertemos a nuestra auténtica naturaleza y no puedan controlarnos y dominarnos, pues saben que todo lo que necesitamos está ya en nosotros, y por eso hacen todo lo posible para que estemos fuera de nosotros, para que abandonemos nuestro centro, pues así somos vulnerables.

Cuando estoy centrado soy poderoso, soy el emperador de mi imperio, y mi principal función es que mi pueblo viva en armonía y plenitud, y desde ahí tendré una relación armoniosa con los otros pueblos. No oprimiré a nadie, pero tampoco permitiré que me destierren de mi hogar, ese lugar inmaterial en lo más profundo de mí donde sé quien soy y conozco a qué vine aquí, y esa función, guste o no, es la que voy a realizar…

Dejemos de estar siempre fuera de nosotros, comencemos a habitarnos, dispongamos de momentos para el necesario silencio y quietud… ellos son las llaves que nos abrirán las puertas del palacio, y podremos ocupar el lugar que nos estaba destinado, no la chabola maquillada que nos intentaban vender.

Hoy, en estos tiempos convulsos donde nada es lo que parece, es más necesario que nunca centrarse y dar cauce ya a lo que Somos.

La situación no la solucionará nadie ahí afuera, sino cada uno de nosotros siendo auténticos.

Merece la pena probar…

SANARTE ES TU RESPONSABILIDAD


Tras esta afirmación aparentemente simple, se esconden muchas implicaciones que no solemos tener en cuenta. Hablando de la salud -por ejemplo- que es la actividad a la que me dedico, tendemos a pensar en la enfermedad como algo fijo y constante que está ahí quieta y debemos combatir y hacer algo para eliminarla mediante lo que sea.

En las llamadas enfermedades crónicas se puede comprender perfectamente. Se tiene la idea de que estas, o se mantienen en el punto en que están o, lo más común, evolucionan a peor si no se las trata. La pregunta es: “¿Y qué es tratar una enfermedad?

Habitualmente consiste en administrar sustancias desde el exterior que cambien o modifiquen nuestro estado interno (nuestros humores –> química celular) Hay quien para ello recurre a fármacos químicos y otros a remedios naturales. Pero paralelamente, ¿actuamos en esa parte nuestra inmaterial, intangible -véase creencias, emociones, sentimientos…- que son el origen de lo externo?

La consecuencia sólo puede ser resuelta tratando la causa, y no al revés, es decir, si trato una consecuencia sin tratar su causa podré afectar a esta de alguna manera, pero nunca resolverla por completo, pues la causa sigue estando ahí y antes o después volverá a manifestarse de ese o de otro modo.

Así, debemos plantearnos que quizá, sin despreciar los remedios externos, por supuesto, la actuación verdaderamente eficaz pasa por generar un cambio interior que modifique la causa que origina el problema, y una vez modificada el problema perderá la base que lo sustenta y tendrá que desaparecer, no puede ser de otro modo.

Pero ahora quiero tratar un punto muy importante que sustenta lo anteriormente dicho: nada permanece estático, todo se mueve, y en el caso que estamos tratando, la enfermedad, estamos re-creándola una y otra vez, día a día, instante a instante, por eso sigue existiendo y no puede dejar de hacerlo simplemente por aportarle elementos externos. Es nuestra energía (pensamientos, emociones, intenciones…) quien recrea día tras día eso que llamamos enfermedad, y si cambiamos nuestro interior el exterior tendrá que ajustarse obligatoriamente.

Por eso, aunque parezca que siempre es lo mismo, no es así; cada día tenemos la opción de modificar nuestro estado totalmente, y si esto no sucede es porque no estamos poniendo en juego lo que haría que esto cambiara: cambiar nosotros interiormente.

¿Te parece una buena noticia o una mala noticia?

Para quienes no han asumido aún la responsabilidad personal de su vida, de su sanación, puede ser una malísima noticia, ellos continúan dependiendo de que algo o alguien los cure, los salve, pues no asumen la autoría de su proceso.

Pero para quienes se sienten responsables de su vida, aquellos que aunque necesiten apoyarse puntualmente en algo o alguien saben que son ellos los últimos y únicos responsables de su salud, es una noticia maravillosa, pues ello implica que tienen en sus manos todo el poder para cambiar cualquier situación, que sólo son víctimas si así lo deciden, y no dependen de salvadores externos caprichosos y/o bien intencionados.

Cada día las cosas se ponen más difíciles para quienes dependen del exterior para todo. Quizá la vida utiliza todos sus recursos para que el ser humano no tenga más remedio que despertar de este sueño que vive. ¡Cuánta razón tenía Calderón de la Barca cuando decía que “la vida es sueño”!, quizá leyó las antiguas enseñanzas orientales que ya decían también que la vida es “Maya”, una ilusión, un sueño, y por eso los grandes seres que han venido de vez en cuando a instruir a la humanidad han hablado siempre del “despertar”.

Despertemos pues de este sueño, abramos los ojos aunque al principio duela, salgamos de esta hipnósis colectiva que nos mantiene esclavizados, como un rebaño, quejándonos y lamentándonos, esperando que alguien nos salve…

El salvador ya llegó y eres tú mismo… ¡Cuando quieras!

martes, 17 de marzo de 2020

¿Cómo y dónde está tu cabeza?

Pasamos la vida con el cuerpo en un sitio y la mente en cualquier otro menos donde está el cuerpo. Mente y cuerpo, cuerpo y mente son uno como la sombra y la luz, el yin y el yang, la cara y la cruz de la misma moneda.
Hoy, en este mismo instante en que lees esto, probablemente tu cuerpo está recluído en tu casa sin poder salir, pero ¿dónde está tu mente?, ¿dónde tu pensamiento? Tus emociones o sentimientos, no lo olvides, se originan de tus pensamientos conscientes o inconscientes, y si quieres conocer tu temperatura energética, si quieres saber si tu vibración es alta o baja, el termómetro que te lo indicará son tus emociones... ¿cómo te sientes: bien, mal, regular...? Esa es la prueba del algodón que nunca te engañará, no puedes estar enfadado, o temeroso, o preocupado, por ejemplo, y tener alta tu vibración.
¿Y por qué te digo todo esto?, pues muy sencillo: imagina un ventilador apagado y verás cómo cualquier cosa puede pasar a través de sus aspas, un papel, tu dedo, una mosca... ¿a que sí? Ahora ponlo en marcha y tal y como la energía le llegue comenzarán las aspas a girar tan deprisa que ni las podrás ver y nada podrá atravesarlas, a riesgo de que lo que se arrime, si tiene una fuerza menor, sea sesgado o expulsado bien lejos.
Pues lo mismo sucede con tu vibración. Cuando esta es baja todo puede entrar en tí, mientras que si vibras alto nada podrá afectarte, y si trata de entrar en contacto contigo será expulsado afuera rápidamente.
Es importante que tomemos medidas externas, lo cortés no quita lo valiente, es necesario aislarse, cuidarse, tomar lo que cada cual sienta que le ayuda o hace bien, pero la verdadera protección siempre, y en estos momentos que estamos viviendo con el COVID-19, es elevar nuestra vibración al máximo.
No somos solamente sangre, carne y huesos, somos energía conformada, somos el espíritu que habita este cuerpo, y como tal tenemos la obligación y la responsabilidad de cuidarlo, mimarlo, tratarlo bien, darle lo que necesita y evitar todo lo que le hace daño, y eso requiere que también, inexcusablemente, atendamos nuestra parte interna, nuestros pensamientos, nuestras creencias, que utilicemos una parte de este tiempo que se nos regala para revisar todo esto y cambiar lo que proceda, pues en caso contrario, aunque las aspas del ventilador estén muy lustrosas y engrasadas, si la energía no le llega cualquier cosa pasará a su través.
Aparte de usar el tiempo en entretenernos, dediquemos una parte, aunque sea pequeña, en entrar en nosotros para conocernos un poco más, en revisar nuestra vida interna y externa y, como consecuencia, clarificarnos y decidir qué cambios debemos hacer a partir de ahora. Este tiempo de reclusión, entre otras cosas, si lo aprovechamos bien es un gran regalo, no nos distraigamos tanto que simplemente matemos el tiempo como sea, pues con él podemos matarnos a nosotros mismos.
El tiempo es nuestro aliado, aprovechémoslo de una manera útil y hagamos caso de nuestro termómetro interno, nuestro sentir, para saber si vamos bien o hemos de cambiar algo, traigamos nuestra mente y nuestro pensamiento aquí, junto a nuestro cuerpo, unamos lo que no debe estar nunca separado y nada, absolutamente nada nos podrá afectar. Lo que esté unido nada ni nadie podrá separarlo. Esa es una buena medicina. Cuidad también vuestra parte interna.

jueves, 23 de enero de 2020

SOBRE EL TRIUNFO O EL FRACASO DE LA MEDICINA. ¿DONDE QUEDA LA PREVENCION?


Aunque parezca que no, desarrollamos cierta dependencia a esas informaciones, nuestro psiquismo entra en un bucle de preocupación-obsesión-miedo que, como las olas del mar convierten la piedra en arena, va minando nuestro equilibrio interior, siempre esperando la noticia de un nuevo tratamiento que por fin cure una enfermedad que tenemos o tememos.
Cada día recibimos noticias sobre enfermedades, nuevos tratamientos, investigaciones...
La cuestión que quiero plantear es la siguiente:
1) el verdadero espíritu de la medicina -y ese sería su éxito- radica en la prevención, y sólo cuando esta falla es necesario intervenir mediante otros medios para conseguir la curación, lo cual no deja de ser un fracaso de este primer y principal objetivo, el cual no es nada despreciable pero no deja de ser un objetivo de segundo orden.
2) no puede trabajarse en la prevención si no hay una educación para la salud a todos los niveles, cosa que no se enseña a nivel global en ningún lugar, que yo sepa. ¿Quizá no interesa a quienes viven de la enfermedad?
3) pueden descubrirse tratamientos -como de hecho sucede- para todas las enfermedades, pero mientras no cambiemos nuestro estilo de vida siempre aparecerán otras nuevas, pues la enfermedad siempre es el mensajero que pone en evidencia un desequilibrio en algún nivel, y si matamos al mensajero nuestro cuerpo, que es sabio, enviará a otro, y a otro, y a otro... el susurro se convertirá en audible, la palabra se transformará en grito y éste, finalmente, en lamento. No es lo mismo curar que sanar.
4) si se invirtiera en educación para la salud una mínima parte de lo que se destina en absorver el humo en vez de apagar el fuego, muchísimos menos enfermos habría. ¿Cómo se entiende que en una sociedad "avanzada" con más medios y avances que nunca (arsenal terapéutico lo llaman) haya todo un ejército de enfermos crónicos, cada vez incluso más jóvenes? Los casos de cáncer, por ejemplo, se multiplican cada vez más, las enfermedades autoinmunes, las enfermedades mentales... algo no encaja aquí.
¿Alguien nos ha enseñado -ahora que la física cuántica está de moda- que somos los creadores de nuestra realidad? Y cuando digo los creadores implica todo tipo de creaciones, las que nos gustan y las que no, los éxitos y los fracasos.
Es necesario trabajar en nuestro interior, sólo los gimnasios y la alimentación no son suficientes, pues no somos sólo un cuerpo, sino el espíritu que lo habita, y éste necesita otro tipo de alimento. El cuerpo es el medio a través del cual éste se expresa, experimenta, realiza en este plano... esa es la misión del cuerpo, no es el fin sino el medio y tiene que estar en las mejores condiciones posibles, pero no podemos de ninguna manera desatender al espíritu.
Hemos de revisar nuestras creencias, nuestros pensamientos y emociones, nuestros planteamientos de vida, y modificar lo que sea necesario cueste lo que cueste. En nuestro interior hay bacterias y virus potencialmente mortales, pero mientras hay un equilibrio son inofensivos, no se trata de matarlo todo y seguir siendo como siempre, eso no funciona ni funcionará.
En fin, soy consciente de que se podría hablar mucho más, esto no es mas que una visión muy superficial, pero creo que suficiente para que a quien esté sensible al tema le sirva un poco, ojalá que así sea, y que la hermana enfermedad no necesite visitarnos con tanta frecuencia...