viernes, 29 de mayo de 2020

SANARTE ES TU RESPONSABILIDAD


Tras esta afirmación aparentemente simple, se esconden muchas implicaciones que no solemos tener en cuenta. Hablando de la salud -por ejemplo- que es la actividad a la que me dedico, tendemos a pensar en la enfermedad como algo fijo y constante que está ahí quieta y debemos combatir y hacer algo para eliminarla mediante lo que sea.

En las llamadas enfermedades crónicas se puede comprender perfectamente. Se tiene la idea de que estas, o se mantienen en el punto en que están o, lo más común, evolucionan a peor si no se las trata. La pregunta es: “¿Y qué es tratar una enfermedad?

Habitualmente consiste en administrar sustancias desde el exterior que cambien o modifiquen nuestro estado interno (nuestros humores –> química celular) Hay quien para ello recurre a fármacos químicos y otros a remedios naturales. Pero paralelamente, ¿actuamos en esa parte nuestra inmaterial, intangible -véase creencias, emociones, sentimientos…- que son el origen de lo externo?

La consecuencia sólo puede ser resuelta tratando la causa, y no al revés, es decir, si trato una consecuencia sin tratar su causa podré afectar a esta de alguna manera, pero nunca resolverla por completo, pues la causa sigue estando ahí y antes o después volverá a manifestarse de ese o de otro modo.

Así, debemos plantearnos que quizá, sin despreciar los remedios externos, por supuesto, la actuación verdaderamente eficaz pasa por generar un cambio interior que modifique la causa que origina el problema, y una vez modificada el problema perderá la base que lo sustenta y tendrá que desaparecer, no puede ser de otro modo.

Pero ahora quiero tratar un punto muy importante que sustenta lo anteriormente dicho: nada permanece estático, todo se mueve, y en el caso que estamos tratando, la enfermedad, estamos re-creándola una y otra vez, día a día, instante a instante, por eso sigue existiendo y no puede dejar de hacerlo simplemente por aportarle elementos externos. Es nuestra energía (pensamientos, emociones, intenciones…) quien recrea día tras día eso que llamamos enfermedad, y si cambiamos nuestro interior el exterior tendrá que ajustarse obligatoriamente.

Por eso, aunque parezca que siempre es lo mismo, no es así; cada día tenemos la opción de modificar nuestro estado totalmente, y si esto no sucede es porque no estamos poniendo en juego lo que haría que esto cambiara: cambiar nosotros interiormente.

¿Te parece una buena noticia o una mala noticia?

Para quienes no han asumido aún la responsabilidad personal de su vida, de su sanación, puede ser una malísima noticia, ellos continúan dependiendo de que algo o alguien los cure, los salve, pues no asumen la autoría de su proceso.

Pero para quienes se sienten responsables de su vida, aquellos que aunque necesiten apoyarse puntualmente en algo o alguien saben que son ellos los últimos y únicos responsables de su salud, es una noticia maravillosa, pues ello implica que tienen en sus manos todo el poder para cambiar cualquier situación, que sólo son víctimas si así lo deciden, y no dependen de salvadores externos caprichosos y/o bien intencionados.

Cada día las cosas se ponen más difíciles para quienes dependen del exterior para todo. Quizá la vida utiliza todos sus recursos para que el ser humano no tenga más remedio que despertar de este sueño que vive. ¡Cuánta razón tenía Calderón de la Barca cuando decía que “la vida es sueño”!, quizá leyó las antiguas enseñanzas orientales que ya decían también que la vida es “Maya”, una ilusión, un sueño, y por eso los grandes seres que han venido de vez en cuando a instruir a la humanidad han hablado siempre del “despertar”.

Despertemos pues de este sueño, abramos los ojos aunque al principio duela, salgamos de esta hipnósis colectiva que nos mantiene esclavizados, como un rebaño, quejándonos y lamentándonos, esperando que alguien nos salve…

El salvador ya llegó y eres tú mismo… ¡Cuando quieras!

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